Explicar la política implica necesariamente abordar qué son la derecha y la izquierda políticas. Estos términos se utilizan ampliamente en las discusiones políticas. Aunque la mayoría de las personas no sabría explicar qué significan —¡muchas incluso confunden izquierda y derecha con oficialismo y oposición!—, quienes siguen el día a día de la política quizá ya hayan desarrollado cierta comprensión sobre lo que representan. Pero ¿cuántas personas entienden realmente su significado?
Las posiciones políticas suelen clasificarse como de extrema izquierda, izquierda, centroizquierda, centro, centroderecha, derecha y extrema derecha. En los extremos del eje encontramos ideas radicales e ideologías extremistas que, por lo tanto, suelen ser poco populares entre los electores. Las posiciones más centristas —como la centroizquierda y la centroderecha— son las que tienen mayor atractivo electoral y conforman la mayoría de los gobiernos democráticos del mundo. Por lo general, el centro representa algún tipo de sincretismo entre ideas de izquierda y de derecha y puede presentarse como una “tercera vía”. De este modo, logra dialogar con electores de ambos lados del eje.
En el discurso político cotidiano de las democracias liberales, como Brasil y gran parte del mundo occidental, el eje izquierda-derecha contrapone a socialistas de las más diversas corrientes en la izquierda y a conservadores y liberales en la derecha. Sin embargo, es importante comprender que no es posible resumir todas las posiciones políticas únicamente en un eje izquierda-derecha. El uso de un eje como este para designar posiciones políticas puede ser simple y conveniente en la vida cotidiana, pero está lejos de reflejar toda la realidad. Es demasiado pretencioso querer reducir un asunto tan complejo y multifacético como la política a un solo eje, etiquetando todas las ideas y a todas las personas simplemente como “de derecha” o “de izquierda”.
El espectro que va de la izquierda a la derecha tiene un significado mucho más restringido de lo que generalmente se imagina. Para tener una idea de lo limitadas que son las denominaciones de izquierda y derecha, basta observar que pensamientos políticos diferentes e incluso antagónicos entre sí pueden compartir el mismo lado del eje, como, por ejemplo, la socialdemocracia y el comunismo soviético en la izquierda, y el conservadurismo y el libertarismo individualista en la derecha.
También existen filosofías políticas presentes en ambos lados del eje, como el anarquismo y el libertarismo. Debido a la gran amplitud del eje izquierda-derecha, encontrar definiciones conceptuales e identificar valores comunes que puedan aplicarse a toda la izquierda y a toda la derecha es una tarea difícil. Aun así, es posible establecer algunas bases filosóficas comunes, como veremos más adelante.

Lamentablemente, la complejidad del escenario político no impide que las personas traten a la izquierda y a la derecha como ideas políticas consolidadas que compiten entre sí, en una especie de enfrentamiento entre dos equipos de fútbol rivales disputando una final del campeonato brasileño. Existe la idea equivocada de que la izquierda y la derecha están formadas por dos masas homogéneas de personas que comparten las mismas ideas y valores. ¡Nada podría estar más lejos de la realidad! La historia demuestra que muchos de los conflictos políticos más intensos se produjeron dentro de un mismo lado del eje y dieron origen a innumerables variaciones de los pensamientos políticos originales.
Por supuesto, este escenario de antagonismos y polarización política genera mucha propaganda falsa, mentiras, rumores y tácticas sucias. Cada uno intenta llevar agua a su molino, atribuyendo todas las virtudes a su propio campo y todos los defectos al otro. Quien no está de acuerdo con las ideas de uno de los lados recibe apodos e insultos ideológicos; ambos lados acusan al otro de intolerancia, pero también pueden actuar de manera intolerante. Este ambiente polarizado y, en ocasiones, radical genera muchos mitos, falacias y prejuicios sobre lo que cada lado significa y representa. Así que intentemos desenmascararlos.
MITOS Y PREJUICIOS SOBRE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA
“Los extremos de derecha y de izquierda en cualquier disputa política siempre están equivocados.” – Dwight Eisenhower (1890-1969), general y presidente de los Estados Unidos
Existen muchas ideas preconcebidas y mitos sobre lo que significan y representan la izquierda y la derecha políticas. Mientras el lector no supere estos paradigmas, no podrá comprender de manera objetiva las propuestas de las corrientes de pensamiento político existentes en cada lado. Algunas de estas ideas y mitos sostienen que todas las personas de izquierda son comunistas, rechazan las religiones y son manipuladas por los sindicatos; y que todas las personas de derecha son intolerantes y prejuiciosas, no se preocupan por el medio ambiente y solo se interesan por las personas ricas.
Aunque algunas de estas ideas pueden aplicarse a ciertos sectores extremistas de ambos lados, la mayoría de las veces son percepciones equivocadas y producto de la propaganda de los adversarios. Al mismo tiempo, las características comunes a ambos lados del eje son mucho más frecuentes de lo que sus partidarios estarían dispuestos a admitir. En ambos lados existen personas intolerantes, ideas autoritarias, ataques contra grupos específicos de la sociedad, corrupción, tácticas sucias y otros problemas similares.
Además, en un sistema democrático en el que todas las personas votan y en el que la mayoría de la población es pobre o pertenece a la clase media, no es sostenible una propuesta política que se oponga a la mayor parte de la población o defienda abiertamente el fin del propio régimen democrático.
Por lo tanto, es mucho más justo afirmar que tanto la derecha como la izquierda, dentro de un sistema democrático, desean la continuidad de la democracia y la mejora de las condiciones de vida de las personas más pobres. Sin embargo, los caminos propuestos para alcanzar esos objetivos pueden ser, de hecho, muy diferentes.
Referencia
Este contenido fue extraído y adaptado del Libro Urgente de la Política Brasileña.



